ENDORFINAS

Por: Ma. Elvira Cuello

A veces los procesos de entrenamiento no se pueden ver, tampoco se pueden tocar, pero sí se pueden sentir. Aquí les dejo algo que escribió una de mis atletas y amiga que lleva 4 años entrenando conmigo. Ha sido un proceso muy bonito verte crecer y florecer como lo has hecho. Una mujer de admirar. Atte: La Coach

Durante toda nuestra vida, vamos a recibir cosas buenas, cosas malas y cosas que muchas veces ni nos esperamos. Hace cuatro años yo llevaba una vida feliz y puedo decir que tranquila. Tenía una familia hermosa, pero el 3 de julio de 2016 mi vida se volteo y la montaña rusa, llamada vida, me dió un bajón de esos que no te esperas. Mi esposo falleció y a los 31 años quede viuda con cuatro hijos. Fueron días duros y me deje caer unos días, pero decidí levantarme ya que tenia a cuatro estrellitas a las que tenia que demostrarles que la vida continuaba. Hablando con una amiga demasiado especial para mí, me invito a entrenar con ella y su coach: Sara.

Llevaba mucho tiempo sin hacer ejercicio y yo sabia que esto iba a ser un reto para mi, pero mi coach no se imaginaba el reto que iba a ser para ella. Uno de los mejores regalos que me han podido hacer es abrirme las puertas a lo que puedo decir fue pieza clave para llegar a donde estoy hoy, una persona feliz, tranquila, pero sobre todo agradecida por todo lo bueno, malo y regular.

Los primeros días, tenia una rabia interna y muchas veces entrenamientos que Sara tenia preparados para una hora completa, yo podía terminarla en media hora y unas veces llegue a hacerlas hasta en veinte minutos. Al hacer ejercicio era una pelea conmigo misma donde yo soltaba todo lo que no me dejaba respirar, salía renovada. Científicamente esta comprobado que cuando hacemos ejercicio nuestro cuerpo libera una sustancia química llamada endorfinas; quienes actúan como transmisores en el cerebro para reducir el dolor. Entre más ejercicio hacia, mejor me sentía, al sentirme bien por dentro me veía mejor físicamente y mis reacciones hacia las distintas situaciones que se me iban presentando eran mejores y más tranquila.

Me encantaba entrenar a las 5:30 de la madrugada y si, me bañaba para entrenar, paraba cualquier ejercicio para admirar el amanecer y obvio tomarle fotos. Mi coach empezó a ver el regalito que Dios nos daba todas las mañanas y nos mostraba que estábamos vivos y teníamos mucho por que agradecer. Aunque quisiera, todo no era color de rosa. Tenia mis días que no quería hacer nada. Pase de ser una persona que no modulaba palabra, ni tomaba agua y casi ni respiraba, a hablarle, demorarme en los ejercicios y los regaños e indirectas de mí coach eran más comunes, pero así como le bajaba el ritmo, así mismo le volvíamos a subir. Para mí era un escape y un momento que yo me regalaba.

Nadie contaba que este 2020 iba a estar lleno de tantos retos, entre ellos uno de los mas grandes estar encerrados. Para mi significaba soltar un compromiso que tenia con Sara, que puedo decir que habían sido pocas las veces que me había tocado cancelarle y siempre fue por fuerza mayor, no porque no quería hacer ejercicio, aunque muchas veces me presentaba sin ganas de hacerlo. Ella por su lado estaba feliz de soltarme, porque sabia que yo era capaz y no la necesitaba a ella para lograr todos los ejercicios que me ponía. Empezamos la cuarentena y yo tenia unos cuantos (bastantes) kilitos de amor, como les digo yo, de los cuales me quería deshacer. Esos mismos que hacían que mi rendimiento no fuera el mismo. Empezamos tres veces por semana, con unos entrenamientos online que muchas veces los veía como suaves. Hoy estoy entrenando seis días a la semana y hay semanas en las que ni siquiera descanso. Esas endorfinas son las que me han ayudado a sobrepasar muchos de los momentos que como capitán de un gran barco, con una tripulación de distintas edades y cada uno con un reto distinto no naufrague y tengamos paz y sobre todo felices entre toda esta situación. Una de las piezas más importantes para que yo en todo este proceso no desfalle ni me caiga tantas veces, solo tengo agradecimiento. Una persona que empezó como mi coach y hoy hago parte de su familia de valientes que nos atrevemos a seguirle las locuras de ejercicio y además puedo llamar amiga.




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